Sandra Leyva lo resumió desde Brambles/CHEP con una lógica contundente: “No vendemos estos activos: los rentamos”, y, tras el uso del cliente, “los recuperamos, los inspeccionamos, los reparamos y luego los ponemos de vuelta en circulación”.
En su planteamiento, la economía circular escala cuando hay orquestación real entre proveedores, operaciones y clientes, y cuando las métricas ambientales se integran a indicadores que ya gobiernan la cadena: productividad, eficiencia, pérdidas y costo total.
“Lo clave es la integración, mantener métricas de sustentabilidad integradas a lo que ve operaciones o procurement”, enfatizó, y operar más allá de las cuatro paredes, porque la circularidad no se ejecuta en solitario. En esa lógica, la conversación se desplaza del “fin de vida” a la operación completa: cómo se diseña el circuito, cómo se controla y cómo se vuelve replicable. A esa escala, el modelo se entiende con números: Brambles opera en más de 60 países y gestiona 347 millones de pallets, crates y containers.
En el caso de México, Leyva conectó la conversación con el frente regulatorio: señaló que “particularmente en México se está desarrollando la ley de economía circular” y que “la iniciativa ya se aprobó en diciembre del 2025”. Bajo esa lectura, el siguiente tramo no es sólo conceptual, sino de capacidad instalada: construir infraestructura y coordinación entre actores para que materiales y activos susceptibles de reincorporarse al sistema productivo no se queden en un manejo básico de recolección y disposición, sino que habiliten circuitos replicables de recuperación de valor.
En México, diariamente se generan 102 mil 895 toneladas y sólo 9.63% de esos residuos se recicla, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Desde Logitech, Sacni Leon aterrizó la economía circular a la trinchera: control de inventario, operaciones de garantía y logística inversa. Su enfoque es pragmático: “no tener miedo a empezar algo” porque los modelos cambian rápido; por eso su recomendación es iniciar con pilotos: “tienes que empezar por algo… puede que sea algo pequeño”.
También puso un matiz comercial que ayuda a entender por qué la adopción no es homogénea: “En México y Latinoamérica, la reparación de un producto es muy común… cosa que aquí en Estados Unidos no lo es”.
Ese contraste abre oportunidades para modelos circulares que conviven con el mercado primario y habilitan rutas alternativas de valor, especialmente cuando existen mecanismos para recuperar producto incluso al final de su vida útil y asegurar su reciclaje correcto.
En particular, Leon subrayó el cambio de rol cuando estos programas maduran: en esquemas de refurbishment (refabricación) y recommerce (reventa), “ya no eres considerado un centro de costos… ya recuperas dinero y puedes generar un modelo de negocio totalmente diferente”. En términos de supply chain, la implicación es clara: la circularidad no es un proyecto aislado, sino una reconfiguración de capacidades, proveedores, inventarios y canales.
Logística inversa como producto
Para líderes de transporte y logística, la reflexión es que la economía circular empieza a traducirse en capacidad comercializable: diseño de red inversa, consolidación, triage, trazabilidad, socios de revalorización y visibilidad. El ángulo de devoluciones no es el centro de la conversación, pero sí funciona como señal de presión y oportunidad: en Estados Unidos, los retornos minoristas están proyectados en 890 mil millones de dólares en 2024, y los retailers estiman que 16.9% de las ventas serán devueltas.
Esa magnitud obliga a profesionalizar la logística inversa y a monetizar valor recuperable en vez de absorberlo como pérdida. Optoro estima que el costo de una devolución promedia 27% del precio de compra y puede borrar hasta 50% del margen.
KPIs para circularidad rentable
La coincidencia entre ambos enfoques es el método: circularidad rentable requiere logística inversa con diseño y gobierno. El “mínimo viable” para capturar valor por ciclo suele incluir:
Recuperación y consolidación (red, puntos de retorno).
Triage (clasificación rápida por valor, condición y cumplimiento).
Revalorización (reacondicionamiento, partes/componentes o disposición certificada).
Trazabilidad + KPIs integrados (tiempo de ciclo, % recuperable, costo por unidad, merma).
Durante el panel de circularidad también hablaron Jo Marini, CEO y fundadora de Mothership Materials y Stacy Flinn, CEO de EVRNU, así como la moderación de Talia Rafaeli, Partner de KOMPAS VC, la discusión dejó una conclusión práctica: el siguiente salto competitivo en supply chain no será solo mover más rápido hacia adelante, sino cerrar el loop con disciplina operativa. La pregunta para 2026: ¿quién diseña la red inversa como ventaja competitiva y quién la sigue tratando como excepción?