En medio de tensiones arancelarias, presiones sobre la infraestructura fronteriza y una próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), especialistas coincidieron en que México enfrenta una oportunidad histórica para consolidarse como un socio estratégico en Norteamérica, aunque advirtieron que el país deberá resolver rezagos en infraestructura, regulación y energía para capitalizar plenamente el nearshoring (relocalización de líneas productivas).
Durante el panel “La relación comercial entre Estados Unidos y México ante la revisión del T-MEC”, organizado en el marco del XVI Seminario de Logística y Transporte de Leschaco Mexicana, los participantes señalaron que la integración productiva entre México, Estados Unidos y Canadá ya alcanzó un nivel en el que la región “produce junta”, especialmente en industrias como la automotriz, química y manufacturera.
Abel Hernández, Head of Crossborder de Leschaco Mexicana, destacó que el T-MEC ha dejado de ser únicamente un tratado comercial para convertirse en un sistema productivo altamente integrado. Recordó que Norteamérica representa cerca del 30% del PIB global y alrededor del 14% del comercio mundial, además de que México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos.
“El día de hoy no estamos compitiendo, estamos produciendo juntos”, afirmó, al señalar que miles de camiones cruzan diariamente por la frontera de Laredo, reflejando la profundidad de la integración regional.
Guillermo Miller, Foreign Trade Director de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), subrayó que uno de los mayores logros del tratado ha sido construir cadenas de valor profundamente integradas, donde productos cruzan la frontera varias veces antes de llegar al consumidor final.
En el caso de la industria química, explicó que Norteamérica ya opera prácticamente como un mercado doméstico. Estados Unidos representa cerca del 68% de las importaciones del sector y alrededor del 71% de las exportaciones mexicanas.
Sin embargo, advirtió que todavía existen retos importantes, entre ellos una mayor integración del sur-sureste del país al desarrollo económico derivado del acuerdo comercial trilateral, así como incrementar el contenido regional de las exportaciones mexicanas.
También señaló que Estados Unidos y Canadá mantienen preocupaciones sobre el ingreso de productos asiáticos a México que posteriormente son incorporados a exportaciones hacia Norteamérica.
Por su parte, Guillermo Malpica, director ejecutivo de Alianza In México, consideró que el principal reto rumbo a la revisión del T-MEC será preservar el carácter trilateral del acuerdo y evitar retrocesos frente a lo ya negociado.
Recordó que durante la negociación original del tratado existían tres principios fundamentales para México: mantener la trilateralidad, evitar un acuerdo “menor” al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y conservar las preferencias comerciales.
“El T-MEC no es solamente comercio; es un conjunto de reglas que permiten administrar la relación económica de la región”, afirmó.
Asimismo, destacó que sectores como el automotriz, agroindustrial, servicios y autotransporte transfronterizo estarán entre los temas clave de la revisión, junto con asuntos emergentes como digitalización e inteligencia artificial.
Desde la perspectiva logística, Víctor Salazar, director comercial de Trayecto, aseguró que el nearshoring ya es una tendencia estructural y no solamente una narrativa de mercado.
Señaló que México ha logrado consolidar ventajas competitivas importantes, como su cercanía geográfica con Estados Unidos, una amplia frontera terrestre, mano de obra calificada y una creciente integración industrial.
Además, destacó que gran parte de la inversión extranjera directa que recibe México corresponde a reinversiones, lo que refleja confianza de las empresas instaladas en el país.
No obstante, reconoció que México necesita fortalecer su infraestructura, particularmente en carreteras, cruces fronterizos y sistemas aduaneros, ya que muchos de ellos operan cerca de su límite.
“El crecimiento del comercio internacional no ha sido acompañado por el mismo crecimiento en infraestructura”, advirtió.
Los panelistas coincidieron en que los principales obstáculos para aprovechar plenamente el nearshoring son la infraestructura, la regulación y la seguridad.
Guillermo Miller subrayó que, pese al crecimiento del comercio exterior mexicano desde la entrada en vigor del TLCAN, el país no ha desarrollado infraestructura suficiente en puertos, aeropuertos y ferrocarriles.
También criticó que gran parte de la regulación aduanera y de transporte continúa basada en esquemas creados hace décadas y que hoy ya no responden a la dinámica del comercio internacional.
En la misma línea, Guillermo Malpica enfatizó la necesidad de impulsar infraestructura energética y digital, además de mejorar la coordinación trinacional para agilizar procesos aduaneros y logísticos.
Víctor Salazar agregó que muchos cruces fronterizos ya operan al límite de su capacidad y que las ineficiencias generan costos adicionales para toda la cadena de suministro.
Desde Canadá, Carlos Brenes, vicepresidente de Ventas de NCC Logistics México, destacó que el nearshoring no es un fenómeno nuevo, pero sí una oportunidad que México debe aprovechar con inteligencia estratégica.
Resaltó que Canadá ha buscado diversificar sus relaciones comerciales mediante nuevos tratados internacionales y consideró que México también debe mirar hacia otros mercados, sin depender exclusivamente de Estados Unidos.
Los participantes coincidieron en que el T-MEC ha sido un motor clave para el crecimiento económico de México y que la próxima revisión representa tanto riesgos como oportunidades.
Entre las recomendaciones para las empresas destacaron fortalecer la colaboración regional, apostar por la digitalización, mejorar la eficiencia operativa y mantener una visión de largo plazo más allá de la coyuntura política.