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Más allá del muelle: la ruta estratégica de Grupo TAP

03 Feb 2026
T21 / Internacional

La historia de Grupo TAP no se construye desde una narrativa de expansión acelerada ni desde una lógica oportunista. Es, más bien, el resultado de una lectura prolongada del sistema logístico mexicano, de la acumulación de experiencia operativa y de una convicción empresarial que entiende que crecer no siempre significa moverse rápido, sino moverse con firmeza. Sus orígenes se remontan a la privatización portuaria de hace tres décadas, con la que abrió camino a TAP Terminal en el puerto de Manzanillo como una instalación diseñada para el manejo de granel agrícola. “La terminal en su mayoría estaba diseñada para albergar una terminal de granos, con una estructura que en su momento era lo más avanzado que había”, recuerda Gabriel Rivera, director general de TAP Terminal, en entrevista con T21.

Esa infraestructura, concebida para un solo segmento, terminó siendo la base de un proceso de diversificación que marcó el rumbo del grupo. Con el paso del tiempo, TAP entendió que el puerto exigía algo más que especialización: exigía flexibilidad, agilidad y una operación alineada con las necesidades reales de las cadenas industriales. Así comenzó la incursión en la carga general, un segmento que durante años fue tratado como residual en Manzanillo. “La carga general se dejó como la última operación que generaba ingresos”, afirma Rivera, subrayando una omisión histórica que impactó directamente a industrias estratégicas como la automotriz.

La apuesta fue clara desde el inicio: liberar la carga lo más rápido posible y evitar que el puerto se convirtiera en un espacio de acumulación. “Nosotros entendemos que la carga no es para almacenar; el puerto es un medio de paso”, insiste. Esa filosofía derivó en un modelo de operación directa que, aun cumpliendo con todos los preceptos aduanales, redujo tiempos y costos. Los números respaldan esa lógica: en 2025 se manejaron 775 mil toneladas de carga general, con 60% liberadas en directa, confirmando un año operativo sólido para TAP Terminal.

EL PUNTO DE QUIEBRE

Sin embargo, el crecimiento no estuvo exento de crisis. El año 2024 marcó el mayor punto de tensión para la organización, cuando interpretaciones regulatorias detuvieron por completo la operación de carga general durante meses en TAP Terminal. “En septiembre movimos cero toneladas, ni un barco”, recuerda Rivera. La decisión corporativa fue sostener al personal, asumir el impacto financiero y defender técnicamente el proceso. El desenlace evidenció una verdad incómoda: la saturación portuaria no era un problema aislado. Nueve barcos de carga general fondeados encendieron las alertas. “Un barco fondeado cuesta miles de dólares”, apunta Rivera, dejando claro que el costo de la ineficiencia termina por trasladarse a toda la cadena.

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